2)El tango rioplatense
es el alimento cotidiano en Buenos
Aires, en los años '60
- '70. Allá están
los recitados poéticos
de Carlos Gardel (Argentina) y
Julio Sosa (Uruguay). Las radios
emitían tango, que se respiraba
con naturalidad en todos los órdenes
de la vida. La relación
coloquial de la gente estaba coloreada
por los versos de las letras de
tango, citados con ironía
y amor por la cultura popular...
Gracias a ellos la vida diaria
tenía contínuamente
una cita poética... Maravilla
de todos los días.
3)
El folklore argentino tuvo su
momento de auge en los años
'60. Letras poéticas incorporan
el horizonte grandioso de la Pampa
al imaginario metafórico
de la ciudad de Buenos Aires...
El lenguaje y la experiencia ciudadana
se enriquecen con el erke, el
charango, el siku, el bombo, la
guitarra rasgada rítmicamente
al compás del 4x4... Eran
tiempos de Atahualpa Yupanki,
Los Fronterizos, Los Chalchaleros,
Los Olimareños, Los Huanca
Hua, Eduardo Falú y Ariel
Ramírez...
La Misa Criolla (1964), obra sincrética
que consagra la unión del
canto religioso con la entonación
popular, abre nuevos horizontes
a la relación dinámica
de Buenos Aires con las músicas
folklóricas. Ariel Ramírez
compone una de las obras musicales
de mayor influencia en el panorama
cultural del país. Las
voces de Los Fronterizos, unidas
a las del Coro de la Cantoría
de la Basílica del Socorro
de Buenos Aires, marcan un camino
feraz para la música popular,
seguido por muchos artistas, como
Mercedes Sosa.
4)
En mi primer viaje al Norte en
1973, a las provincias de Tucumán,
Salta y Jujuy, descubro la música
andina, el sonido del charango
'in situ', la percusión
natural, los colores vivos de
la gente y los térreos
del paisaje.. Desde Buenos Aires,
traía yo en mi memoria
el ritmo del maestro Domingo Cura,
el percusionista que hizo entrar
el viento caliente de La Pampa
y el galope de los caballos en
la gran ciudad, y que los conjuró
con los pasos sobre los adoquines,
el metal de las ruedas de los
tranvías, los ruidos infinitos
de la forja urbana. Luego llegaron
los arpegios finísimos
del boliviano Ernesto Cavour,
en un LP que conocí en
el '76 en Buenos Aires: Allí
estaba todo lo que había
visto, hasta la pureza del aire
de las alturas, la voz del viento
de los andes, las manos de los
campesinos.
5)
El comienzo de mi escritura, en
la poesía, es de los años
sesenta. Siempre llevé
un cuaderno de apuntes de mis
poemas, corregidos y reescritos
algunos de ellos a lo largo de
los años. Fiel a Federico
Nietzsche, a Macedonio Fernández,
de ellos seguí los consejos
de la escritura y el pensamiento
ambulante, de las hojas escritas
en cualquier parte, por los bares
de Buenos Aires, en los trenes.
Y siempre pensar primero de pie,
para que los pensamientos e impresiones
adquieran la postura humana principal,
el anhelo perpetuo de horizonte.
La idea de recitar la poesía
acompañada de música
viene de estos antecedentes, de
las voces de Carlos Gardel y Julio
Sosa, en sus recitados, en la
forma coloquial de decir el tango.
Un poema que me acompaña
toda la vida, y que es el más
antiguo referente de mi idea de
los poemas con música,
es El
día que me quieras,
música de Carlos Gardel
y letra del gran poeta popular
Alfredo
Lepera. Siempre admiré
la naturalidad con que la gente,
las generaciones de argentinos
y amantes del tango de todo el
mundo, aprendían fácilmente
las letras de este gran poeta
popular, y las decían,
las cantaban para expresar sus
propios sentimientos, ideal mayor
de todo poeta. Luego vendrían
las lecturas del poemario español,
los miles de versos del Siglo
de Oro, los Góngora, Quevedo,
Calderon, Lope, Santa Teresa,
Garcilaso, y los textos antiguos
de la América de la conquista,
se mezclaban en el barro de los
sueños, en la fervorosa
admiración por las voces
que se entretejían hasta
el fondo de los tiempos.. Años
más tarde, ya en los '70,
las primeras noches de Buenos
Aires me trajeron el intimismo
del tango de Roberto 'Polaco'
Goyeneche, y los tango - canción
de Piazzolla con letras de Horacio
Ferrer (Balada para un loco).
6)
En literatura, para nombrar sólo
lo relacionado con la idea de
la expresión verbal y pública
de la poesía, también
fuí influído en
forma determinante por la primera
lectura del Martín Fierro,
en la tensión de la payada
con el Moreno, en el uso de la
primera persona dirigida al lector
- oyente de la historia... Paralelamente,
en aquéllos años
finales de los '60, Estanislao
del Campo, con su Fausto campero.
Pero la bendición del ritmo
y la imagen poética había
venido ya con Bécquer,
leído con devoción...
7)
Por ese entonces compartí
muchas noches con el ambiente
de tango del barrio de San Telmo,
al sur de Buenos Aires, barrio
viejo que afortunadamente se puso
de moda en los '60, cuando comenzaron
a pulular los boliches de tango,
folklore y jazz, los nuevos café-concert
que combinaban el teatro con la
música. Este auge inhibió
la tendencia urbanística
modernizadora que estaba demoliendo
las viejas casonas neocoloniales
para construir paralelepípedos
de propiedad horizontal...
Fue así que las confesiones
a media luz de los cantantes de
tango, con el micrófono
pegado a los labios, hombres y
mujeres de voz nocturnal y melancólica,
detuvieron el avance del hormigón
y el acero. Yo iba con mi cámara
retratándolo todo, siempre
con una hoja de papel y mi Parker
para apuntar las imágenes
y metáforas que veía
por el mundo. La amistad con la
soprano Magdalena León,
del grupo vocal de tango y folklore
Buenos Aires 8, me abrió
las puertas de inolvidables madrugadas
en el Viejo Almacén, donde
ví el lento fluir del espíritu
del tango en las manos y la voz
de Aníbal Troilo -'Pichuco',
Goyeneche, Edmundo Rivero...
8)
Los viajes determinantes de mi
vida en esos años en Argentina
fueron, al Sur, Puerto Madryn
y Comodoro Rivadavia, el grandioso
mar patagónico, el horizonte circular
y el silencio infinito, presencia
de Dios sobre el hombre. Luego
Bariloche, las montañas verdes
de la cordillera austral, los
lagos calmos, el manto purísimo
de la nieve. Y los viajes al Norte,
hasta la frontera con Bolivia,
puerta abierta a la inmensidad
de la Puna, la escala pentatónica,
la imponente altura de los Andes.
En esos años visité ambos escenarios
del Sur y del Norte de Argentina,
en invierno y verano, y experimenté
los contrastes, la dureza del
paisaje, las dificiles condiciones
de vida de los lejanos compatriotas,
y de los miles de pioneros de
Europa y del mundo que se adentraron
en la inmensidad del horizonte
de America y que crearon pueblos,
progreso, prosperidad, pais. ...
9)
Buenos Aires rebosaba cultura
y ansias de modernidad en todos
los frentes. Ahi estaba el Instituto
Di Tella con sus experimentaciones
de frontera del arte multidisciplinar,
la música electronica, los happenings,
la plastica sumada a las instalaciones
mas novedosas. Para el joven de
Buenos Aires, todo este panorama
era un cielo soñado, alcanzable,
visible a plena luz del día. Fueron
pocos pero fecundisimos años de
febril actividad artistica, florecieron
las editoriales, los artistas
plasticos, el teatro llego a las
150 salas abiertas, con el Teatro
Colon como su maxima expresion.
Pero pronto el manto negro de
la crispación política se abatió
sobre todas las cosas. La polarización
ideologica condujo a la violencia.
Con la triple A y los extremismos
del ERP y los Montoneros por las
calles, el llamado a elecciones
de la junta militar de Agustin
Lanusse desembocó en una lucha
entre facciones de izquierda y
derecha, que pronto tomó las calles
y congeló la actividad cultural
de Buenos Aires. Quien persistia
en la manifestación publica artistica,
corria el riesgo de morir o ser
avasallado. Todo artista era sospechoso
de izquierdista, todo activista
social era perseguido. Luego de
meses de gobierno del secretario
del Perón proscripto, Campora,
este renuncia y llama a elecciones
para convocar a Perón al poder.
La llegada del lider a Buenos
Aires ya estuvo teñida de sangre
desde el aeropuerto. Sus escasos
meses en el poder también. Luego
la muerte en la presidencia, la
sucesión de su segunda esposa,
María Estela Martinez de Peron,
fue el hundimiento final hacia
la hecatombe del golpe militar
del 24 de marzo de 1976.